
Chamonix, la gran meca alpina, escenario de las más grandes escaladas y cuna del esquí extremo, es también un paraíso para metas más modestas. Un paisaje de ensueño, sembrado de remontes mecánicos que hacen accesible a los humanos un sinfín de propuestas de esqui de fuera pista y de travesía. Eso si, con el especial carácter de estas montañas, exigentes y salvajes.

Chamonix

Chamonix, a los pies del Mt.Blanc

El Dru, La Verte y el pas de chevre, nuestra primera toma de contacto en el valle
El Pas de Chevre
El Pas de Chevre es una larga bajada que desde los Grands Montets baja bajo el Nant Blanc y el Dru a la Mer de Glace. Sin ser dificil, conviene llevar el material de montaña habitual, sobre todo por el descenso de la morrena a la mer de glace.

Iker en Argentiere

Kil, primeros metros del pas de Chevre, con el Nant Blnac de fondo

Petit

Iker gozando en el Nant Blanc

Enredando en el pas de chevre

Iker y el Dru

Bajo la Oeste del Dru

Una birra...

La Aiguille de la Blatiere, al atardecer

Una casa del valle
La valle Blanche
El valle Blanco, por debajo de la Aiguille de Midi, es visita obligada. Nosotros fuimos en nuestro último día en el valle, y aunque estaba lleno de huellas, bajamos prácticamente solos. Elegimos la variente del glaciar de Envers, bajada bonita y con ambiete muy directa hasta el refugio del Requin
. Obligatorio llevar material de montaña y de glaciar, ya que se baja constantemente entre grietas y seracs

En la Aiguille de Midi

Kil, primeros giros

Algo de polvo bajo la Aiguille de Midi

Kol, ambiente...

Dru, Verte, Droites, Courtes...

Iker entre seracs

Relax en la Mer de Glace

Dent du Geant

Chamonix, al atardecer